Colaboración para Sizart - La Democracia I - 14/09/20
Ha iniciado formalmente el proceso electoral para renovar autoridades y
legisladores en nuestro país en el 2021 y ante el panorama que se avecina me
parece adecuado hacer una primera reflexión sobre lo que es una democracia en
una república como nuestro país.
Para este propósito me permito compartirles consideraciones del filósofo
español Fernando Savater en su libro Diccionario Filosófico.
Hoy en día se discute mucho sobre la democracia y sus distintos modelos,
de qué es y no es la verdadera democracia, de si se puede dar democracia
política en la sociedad de masas, de cómo organizar la representación y
fomentar la participación democrática, del mejor modo de resguardar a las
democracias contra la corrupción.
La democracia consiste en convertir a los individuos en portadores del
sentido político de la sociedad, es decir, en sujetos que discuten de igual a
igual, que a veces en su nivel inferior se maneja la marrullería, la mentira
interesada o el arrebato intimidatorio, pero en su nivel superior consiste en
ofrecer razones y atender a las que recíprocamente se nos brinda, para
configurar mediante este diálogo, la siempre revocable verdad política. La
democracia descarta monarcas absolutos, personajes que interpretan o imponen leyes
eternas de la divinidad, caudillos carismáticos, familias privilegiadas,
colectivismos unanimistas y uniformizadores basados en la nación, la etnia, la
raza, y también invalida la primacía de los expertos en decidir frente a los
predestinados en obedecer decisiones ajenas, de los potentados económicos, es
decir, de aquellos que subyugan el principio político al conocimiento de alto
nivel, a los profesionales de la gestión pública o a los ricos. La democracia
nace como la primera generalización política de la autonomía individual, como
derecho a participar en nombre propio en la toma de decisiones colectivas, como
la promulgación o revocación de leyes y las autoridades.
Hacer política a partir de los individuos es una forma avanzada de
cooperación social, no un pretexto para renunciar a ella. La base del estado
democrático de derecho son los individuos sujetos de tales derechos, que los
interpela, los humaniza pero que depende de ellos.
Tal vez dirán que insistimos demasiado en el individuo y no hemos mencionado
al pueblo, ¿Qué no se ha definido a la democracia como gobierno del pueblo, por
el pueblo y para el pueblo? Pero el concepto de pueblo como unidad colectiva se
presenta frecuentemente con dos prejuiciosas características: por un lado, se
dice que el pueblo representa una parte de la sociedad, la más sana, la porción
buena y por tanto la única legítimamente autorizada para decidir políticamente,
contrapuesta a otras partes malas o enfermas del conjunto, sean aristócratas,
capitalistas, extranjeros, enemigos de la nación, incrédulos, inmorales, etc.
el otro prejuicio es la renuncia al individuo singular, para saberse parte del
pueblo “elegido” (todos los pueblos se creen elegidos) en donde el pueblo tiene
plena autonomía porque sus integrantes renuncian a tenerla fuera del él (aunque
de este requisito los portavoces del pueblo se sienten dispensados, porque
hablan en su nombre como encarnaciones privilegiadas del conjunto popular).
Vivir en democracia consiste en saber que uno puede estar ruidosamente descontento
del régimen político en el que vive. La democracia no resulta de un paradigma
ideal preestablecido e indiscutible, sino de la búsqueda polémica de lo
colectivamente conveniente. La democracia igualo los derechos políticos entre
pobres y ricos, expertos y analfabetos. Para algunos parece un escándalo darle
derecho al voto a los faltos de educación y de conocimientos, los llegados de
tierras lejanas etc. pero a un paso de esto de signo conservador está la
rabiosa inversión por los desheredados que proclaman que la democracia
consisten en que manden las clases bajas los de manos encallecidas, los pobres,
los carentes de instrucción, !Que manden ellos, solo ellos! Y que se tomen su
histórica revancha, Ambas actitudes son reaccionarias. Tanto quienes desprecian
al pueblo como los que se identifican con él, tiene una visión parcial. El
pueblo son todos y cada uno de los socios de la comunidad, está formado no por los
integrantes de tal o cual sociedad, sino por la sociedad de los humanos en su
conjunto, y por lo tanto se descarta sus pretensiones facciosas, su
parcialidad. No es pueblo contra nadie, sino pueblo con todos, que desde luego
tropieza con la desigualdad efectiva de patrimonio, intelectual, de sexo etc.
Pero este es un tema de dedicaremos en próxima ocasión.
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