Colaboración de Agustín Enciso en SIZART - Crecimiento Exponencial 08/05/2017
Entender
el ritmo al que están cambiando nuestro planeta y los seres que vivimos en él,
es fundamental para plantearnos estrategias que nos lleven a un mejor futuro.
Somos más de 7000 millones de habitantes en el planeta y los primeros 1000 millones
de habitantes, se alcanzaron desde que existe el ser humano, hace unos dos
millones de años, hasta el año de 1800, los últimos 1000 millones los hemos
alcanzado en tan solo 12 años. Si nos comparamos con otras especies quizá
seremos una especie efímera.
Otro
aspecto fundamental es entender cómo la información y el conocimiento crece. En
1900 la humanidad duplicaba todo su saber en 100 años, ahora lo hace en tan
solo 18 meses, y algunos futurólogos aseguran que, con la llegada del internet
de las cosas, que no es más que la interconexión digital de objetos al
internet, en poco tiempo la información se duplicará cada 11 horas, eso
quiere decir, que tal vez, lo que un joven universitario estudie por la mañana,
se vuelta obsoleto por la noche
Hay elementos
que nos muestran esta velocidad de los cambios, por ejemplo, la radio tardó en
llegar a las primeras 50 millones de personas, 38 años, la televisión lo hizo
en 13 años, el iPod alcanzó los 50 millones de personas en 4 años, el internet
en 3 años, el Facebook en un año y el Twitter lo hizo en tan solo 9 meses.
Durante
mucho tiempo el sistema educativo se ha sustentado en el saber y conocer, sin
embargo, ahora con la velocidad del cambio tenemos que aprender nuevas formas
para relacionarnos con la información y el conocimiento, Ahora paradójicamente
lo único constante, es el cambio. El mundo en que vivimos, además de ser
un mundo global y de un dinamismo tecnológico sorprendente, es un mundo de una
alta complejidad e incertidumbre. Debemos de aprender no solo a lidiar con el
cambio, sino también con la complejidad y la incertidumbre.
Ante esta
situación, en la que el conocimiento puede ser tan efímero, los estudiantes
requieren aprender a entender los contextos de lo que experimentan y de la
información que obtienen, deben aprender a extraer la lógica de los procesos y
desde luego deben estimular el pensamiento crítico, abstracto y reflexivo.
Estas
características es lo propio del quehacer científico, la ciencia propicia el
pensamiento crítico y abstracto, busca la lógica de los procesos y trata de
entender el contexto en el que se presentan.
Por eso
aprender a aprender y hacerlo todo el tiempo es el único camino para convivir
en un entorno como el que tenemos. Prepararse para los cambios continuos y con
alta incertidumbre, nos lleva a combatir nuestro instinto natural por buscar
siempre certezas.
Sobrevivir
en un entorno de duda continua es habitual al practicar la ciencia. La obligación de
cualquier científico es poner constantemente en duda todo lo que cree que sabe.
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