Lo único constante, el cambio - Colaboración para SIZART 170508
Entender el ritmo al que están cambiando nuestro
planeta y los seres que vivimos en él, es fundamental para plantearnos
estrategias que nos lleven a un mejor futuro. Somos más de 7000 millones de
habitantes en el planeta y los primeros 1000 millones de habitantes, se
alcanzaron desde que existe el ser humano, hace unos dos millones de años,
hasta el año de 1800, los últimos 1000 millones los hemos alcanzado en tan solo
12 años. Si nos comparamos con otras especies quizá seremos una especie efímera.
Otro aspecto fundamental es entender cómo la
información y el conocimiento crece. En 1900 la humanidad duplicaba todo su
saber en 100 años, ahora lo hace en tan solo 18 meses, y algunos futurólogos
aseguran que, con la llegada del Internet de las cosas, que no es más que la
interconexión digital de objetos al Internet, en poco tiempo la
información se duplicará cada 11 horas, eso quiere decir, que tal vez, lo que
un joven universitario estudie por la mañana, se vuelta obsoleto por la noche
Hay elementos que nos muestran esta velocidad de
los cambios, por ejemplo, la radio tardó en llegar a las primeras 50 millones
de personas, 38 años, la televisión lo hizo en 13 años, el iPod alcanzó los 50
millones de personas en 4 años, el Internet en 3 años, el Facebook en un año y
el Twitter lo hizo en tan solo 9 meses.
Durante mucho tiempo el sistema educativo se ha
sustentado en el saber y conocer, sin embargo, ahora con la velocidad del
cambio tenemos que aprender nuevas formas para relacionarnos con la información
y el conocimiento, Ahora paradójicamente lo único constante, es el cambio.
El mundo en que vivimos, además de ser un mundo global y de un dinamismo
tecnológico sorprendente, es un mundo de una alta complejidad e incertidumbre.
Debemos de aprender no solo a lidiar con el cambio, sino también con la
complejidad y la incertidumbre.
Ante esta situación, en la que el conocimiento
puede ser tan efímero, los estudiantes requieren aprender a entender los
contextos de lo que experimentan y de la información que obtienen, deben
aprender a extraer la lógica de los procesos y desde luego deben estimular el
pensamiento crítico, abstracto y reflexivo.
Estas características es lo propio del quehacer
científico, la ciencia propicia el pensamiento crítico y abstracto, busca la
lógica de los procesos y trata de entender el contexto en el que se presentan.
Por eso aprender a aprender y hacerlo todo el
tiempo es el único camino para convivir en un entorno como el que tenemos.
Prepararse para los cambios continuos y con alta incertidumbre, nos lleva a
combatir nuestro instinto natural por buscar siempre certezas.
Sobrevivir en un entorno de duda continua es
habitual al practicar la ciencia. La obligación de cualquier científico es poner
constantemente en duda todo lo que cree que sabe.
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